La Alameda festejó sus 15 años

13 06 2017

Foto: La Alameda

La Alameda festejó sus 15 años de vida junto dirigentes políticos, sindicales, barriales y empresariales.

Entre los muchos invitados estuvieron miembros de la agrupación y de Bien Común de Capital Federal, de la Provincia y del interior del país, al tiempo que también estuvo el compañero de fórmula de Gustavo Vera, el candidato a diputado nacional y ex secretario de Comercio, Guillermo Moreno.

Además, participaron del evento miembros de la Unión de Empleados Judiciales de la Nación, que encabeza Julio Piumato, los intendentes de Esteban Echeverría, Fernando Gray, y de Cañuelas, Marisa Fassi, el diputado nacional Gustavo Arrieta, el ex embajador en el Vaticano Eduardo Valdes, el dirigente peronista y empresario periodístico Mario Baudry, y el integrante del PJ Bonaerense Mariano Mera.

FOTO: Vera y Tamara Rosenberg

Vera recibió varias plaquetas por los 15 años de La Alameda, entre ellas una de los Judiciales y otra del municipio de Esteban Echeverría.

También se emitió un video en el que habla el Papa Francisco cuando era Arzobispo de Buenos Aires muy cercano a la tarea de La Alameda.

Además de los discursos que dieron el propio Vera y Tamara Rosenberg, además de otros compañeros de Bien Común y La Alameda, hubo un show del “Padre César y los pecadores”.

También estuvo presente el comunero del Partido Socialista Auténtico (PSA), Raúl Artelino Comuna 5, a su vez dirigió unas palabras el dirigente sindical de judiciales, Omar Ruiz; y los compañeros de la Alameda como Néstor Escudero, Olga Cruz Ortiz, Facundo Lugo, Ximena Rattoni, Lucas Manjon y Lucas Schaerer.

Foto: Facundo Lugo, Vera, Lucas Manjon y Ximena Rattoni

La Alameda nació como la Asamblea “20 de diciembre” del barrio Parque Avellaneda, bajo la forma de una olla popular que se organizó en respuesta al contexto de pobreza y desocupación de la crisis del 2001.

El 8 de junio del 2002 la Asamblea recuperó el bar llamado “La Alameda”, ubicado en la esquina de Directorio y Lacarra, frente al Parque Avellaneda, y de esta manera la olla popular se transformó en un comedor comunitario al que asisten hoy más de 60 familias.

 

Foto: Néstor Escudero (Polo Textil), Vera y Lucas Schaerer.

En 2004 fue declarada de utilidad pública, y por segunda vez en 2007 se dictó la expropiación y se resolvió dar una solución definitiva para la viabilidad y sustentabilidad de los proyectos emprendidos. 

A su vez, en abril de 2013, se lanzó la Red Nacional Antimafia compuesta por más de 40 organizaciones sociales de todo el país y con el apoyo de organizaciones internacionales.

Foto: Guillermo Moreno, Vera y el Padre César y los pecadores.

Vera recordó que “los primeros tiempos fueron difíciles”, porque recibían “solamente ninguneo y atentados”.

“Instalar el problema del trabajo esclavo fue muy duro y lamentablemente se  viralizar, lamentablemente, con una tragedia como fue el incendio del taller clandestino de la calle Luis Viale en 2006. En ese momento veníamos trabajando con Alicia Pierini, que era Defensora del Pueblo y la única funcionaria que le ponía el hombro al tema, porque los demás lo ningunearon”, contó el titular de La Alameda, en declaraciones al programa “Un poco más”, que conduce Eduardo Valdés por AM 750.

Foto: Gustavo Arrieta (diputado nacional), Marisa Fassi (intendenta de Cañuelas) y Vera.

Vera sostuvo que recién con la muerte de seis personas, “cinco de las cuales eran niños, hubo mucha repercusión y ahí se empezó a instalar el tema.

“También hicimos cámaras ocultas en Mendoza, sobre todo en Guaymallén. Fue tanta la repercusión sobre el tema que en esa provincia se votó una ley especial adicional, estableciendo multas por trabajo infantil. Hubo allanamientos para terminar con eso y se dispusieron guarderías que alojaron a 3.500 pibes sacados  de los lugares que La Alameda denunció”, agregó.

Foto: Fernando Gray (intendente de Esteban Echeverría) y Vera.

Foto: Moreno, Vera y el abogado Carlos Beizhun.

Además, prosiguió: “En Mar del Plata, en el cordón de Batán a Sierra de los Padres, filmamos y registramos trabajo infantil y todo terminó con la incautación de 44 hectáreas que el juez federal administra para que los trabajadores se desempeñen en forma digna, mientras que los chicos van a la escuela. Se trata de 180 migrantes. El dueño fue procesado, luego detenido y ahora salió en libertad bajo fianza, pero no tiene la administración del bien”.

Foto: el dirigente peronista Mario Baudry, Vera y otros compañeros.

Vera sostuvo que “en 2008 se lanzó muy incompleta la primera ley de trata, después se elaboraron muchas resoluciones municipales contra el trabajo infantil, la trata de  personas, de asistencia a las víctimas de trata, luego, en 2016, vino la ley que le puso fin a los prostíbulos que eran habilitados como boliches de Clase A y se eliminó ahí la figura de alternadora”.

Eduardo Valdés (ex embajador en el Vaticano), el Cura Rockero, Vera y Arrieta.

De todas maneras, antes, en 2013 y junto a la Confederación General del Trabajo (CGT), se lanzó la Campaña nacional contra el trabajo esclavo, y en este marco se denunciaron más de una decena de empresas que ejercen explotación laboral.

Foto: Moreno, Mario Videla y Vera.

De esta manera se logró la incautación de maquinarias que fueron luego entregadas en comodato a la comunidad Qom de Formosa, para el desarrollo de un primer emprendimiento textil, el cual se encuentra produciendo indumentaria bajo el nombre “Orgullo Qom” desde julio de ese año.

 

Foto: plaquetas otorgadas a La Alameda por el Municipio de Esteban Echeverría y los Empleados Judiciales.

La Alameda fue una de las promotoras de este proyecto, con la finalidad de establecer una herramienta que permita tejer una transversalidad de ciudadanos honestos, de diferentes creencias políticas y/o religiosas, para llevar adelante una lucha material y cultural contra aquella trasversalidad mafiosa que atraviesa las instituciones del país. Hasta hoy se constituyeron los centros de trabajo en Río Negro, Santa Fé, Entre Ríos, y Buenos Aires.

 

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Manteros y migrantes

1 02 2016

En el programa radial de la Alameda “La Verdad Concreta”, el legislador de Bien Común Gustavo Vera marcó su punto de vista con los manteros, y por otro lado el cura Mario Videla se refirió a los emigrantes en la reciente jornada mundial que activó el Papa Francisco.





El Papa a los emigrantes y refugiados

13 01 2016

Papa

Ante la jornada mundial, este domingo 17 de enero de 2016, por los emigrantes y refugiados damos a reproducir su documento del Papa Francisco analizado por el cura scalabriniano ex director del departamento de Migraciones, Mario Videla, este martes en el programa radial de la Alameda.

«Emigrantes y refugiados nos interpelan. La respuesta del Evangelio de la misericordia»

Queridos hermanos y hermanas

En la bula de convocación al Jubileo Extraordinario de la Misericordia recordé que «hay momentos en los que de un modo mucho más intenso estamos llamados a la mirada fija en la misericordia para poder ser también nosotros mismos signo eficaz del obrar del Padre» (Misericordiae vultus, 3). En efecto, el amor de Dios tiende alcanzar a todos y a cada uno, transformando a aquellos que acojan el abrazo del Padre entre otros brazos que se abren y se estrechan para que quien sea sepa que es amado como hijo y se sienta «en casa» en la única familia humana. De este modo, la premura paterna de Dios es solícita para con todos, como lo hace el pastor con su rebaño, y es particularmente sensible a las necesidades de la oveja herida, cansada o enferma. Jesucristo nos habló así del Padre, para decirnos que él se inclina sobre el hombre llagado por la miseria física o moral y, cuanto más se agravan sus condiciones, tanto más se manifiesta la eficacia de la misericordia divina.

En nuestra época, los flujos migratorios están en continuo aumento en todas las áreas del planeta: refugiados y personas que escapan de su propia patria interpelan a cada uno y a las colectividades, desafiando el modo tradicional de vivir y, a veces, trastornando el horizonte cultural y social con el cual se confrontan. Cada vez con mayor frecuencia, las víctimas de la violencia y de la pobreza, abandonando sus tierras de origen, sufren el ultraje de los traficantes de personas humanas en el viaje hacia el sueño de un futuro mejor. Si después sobreviven a los abusos y a las adversidades, deben hacer cuentas con realidades donde se anidan sospechas y temores. Además, no es raro que se encuentren con falta de normas claras y que se puedan poner en práctica, que regulen la acogida y prevean vías de integración a corto y largo plazo, con atención a los derechos y a los deberes de todos. Más que en tiempos pasados, hoy el Evangelio de la misericordia interpela las conciencias, impide que se habitúen al sufrimiento del otro e indica caminos de respuesta que se fundan en las virtudes teologales de la fe, de la esperanza y de la caridad, desplegándose en las obras de misericordia espirituales y corporales.

Sobre la base de esta constatación, he querido que la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado de 2016 sea dedicada al tema: «Emigrantes y refugiados nos interpelan. La respuesta del Evangelio de la misericordia». Los flujos migratorios son una realidad estructural y la primera cuestión que se impone es la superación de la fase de emergencia para dar espacio a programas que consideren las causas de las migraciones, de los cambios que se producen y de las consecuencias que imprimen rostros nuevos a las sociedades y a los pueblos. Todos los días, sin embargo, las historias dramáticas de millones de hombres y mujeres interpelan a la Comunidad internacional, ante la aparición de inaceptables crisis humanitarias en muchas zonas del mundo. La indiferencia y el silencio abren el camino a la complicidad cuanto vemos como espectadores a los muertos por sofocamiento, penurias, violencias y naufragios. Sea de grandes o pequeñas dimensiones, siempre son tragedias cuando se pierde aunque sea sólo una vida.

Los emigrantes son nuestros hermanos y hermanas que buscan una vida mejor lejos de la pobreza, del hambre, de la explotación y de la injusta distribución de los recursos del planeta, que deberían ser divididos ecuamente entre todos. ¿No es tal vez el deseo de cada uno de ellos el de mejorar las propias condiciones de vida y el de obtener un honesto y legítimo bienestar para compartir con las personas que aman?

En este momento de la historia de la humanidad, fuertemente marcado por las migraciones, la identidad no es una cuestión de importancia secundaria. Quien emigra, de hecho, es obligado a modificar algunos aspectos que definen a la propia persona e, incluso en contra de su voluntad, obliga al cambio también a quien lo acoge. ¿Cómo vivir estos cambios de manera que no se conviertan en obstáculos para el auténtico desarrollo, sino que sean oportunidades para un auténtico crecimiento humano, social y espiritual, respetando y promoviendo los valores que hacen al hombre cada vez más hombre en la justa relación con Dios, con los otros y con la creación?

En efecto, la presencia de los emigrantes y de los refugiados interpela seriamente a las diversas sociedades que los acogen. Estas deben afrontar los nuevos hechos, que pueden verse como imprevistos si no son adecuadamente motivados, administrados y regulados. ¿Cómo hacer de modo que la integración sea una experiencia enriquecedora para ambos, que abra caminos positivos a las comunidades y prevenga el riesgo de la discriminación, del racismo, del nacionalismo extremo o de la xenofobia?

La revelación bíblica anima a la acogida del extranjero, motivándola con la certeza de que haciendo eso se abren las puertas a Dios, y en el rostro del otro se manifiestan los rasgos de Jesucristo. Muchas instituciones, asociaciones, movimientos, grupos comprometidos, organismos diocesanos, nacionales e internacionales viven el asombro y la alegría de la fiesta del encuentro, del intercambio y de la solidaridad. Ellos han reconocido la voz de Jesucristo: «Mira, que estoy a la puerta y llamo» (Ap 3,20). Y, sin embargo, no cesan de multiplicarse los debates sobre las condiciones y los límites que se han de poner a la acogida, no sólo en las políticas de los Estados, sino también en algunas comunidades parroquiales que ven amenazada la tranquilidad tradicional.

Ante estas cuestiones, ¿cómo puede actuar la Iglesia si no inspirándose en el ejemplo y en las palabras de Jesucristo? La respuesta del Evangelio es la misericordia.

En primer lugar, ésta es don de Dios Padre revelado en el Hijo: la misericordia recibida de Dios, en efecto, suscita sentimientos de alegre gratitud por la esperanza que nos ha abierto al misterio de la redención en la sangre de Cristo. Alimenta y robustece, además, la solidaridad hacia el prójimo como exigencia de respuesta al amor gratuito de Dios, «que fue derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo» (Rm 5,5). Así mismo, cada uno de nosotros es responsable de su prójimo: somos custodios de nuestros hermanos y hermanas, donde quiera que vivan. El cuidar las buenas relaciones personales y la capacidad de superar prejuicios y miedos son ingredientes esenciales para cultivar la cultura del encuentro, donde se está dispuesto no sólo a dar, sino también a recibir de los otros. La hospitalidad, de hecho, vive del dar y del recibir.

En esta perspectiva, es importante mirar a los emigrantes no solamente en función de su condición de regularidad o de irregularidad, sino sobre todo como personas que, tuteladas en su dignidad, pueden contribuir al bienestar y al progreso de todos, de modo particular cuando asumen responsablemente los deberes en relación con quien los acoge, respetando con reconocimiento el patrimonio material y espiritual del país que los hospeda, obedeciendo sus leyes y contribuyendo a sus costes. A pesar de todo, no se pueden reducir las migraciones a su dimensión política y normativa, a las implicaciones económicas y a la mera presencia de culturas diferentes en el mismo territorio. Estos aspectos son complementarios a la defensa y a la promoción de la persona humana, a la cultura del encuentro entre pueblos y de la unidad, donde el Evangelio de la misericordia inspira y anima itinerarios que renuevan y transforman a toda la humanidad.

La Iglesia apoya a todos los que se esfuerzan por defender los derechos de todos a vivir con dignidad, sobre todo ejerciendo el derecho a no tener que emigrar para contribuir al desarrollo del país de origen. Este proceso debería incluir, en su primer nivel, la necesidad de ayudar a los países del cual salen los emigrantes y los prófugos. Así se confirma que la solidaridad, la cooperación, la interdependencia internacional y la ecua distribución de los bienes de la tierra son elementos fundamentales para actuar en profundidad y de manera incisiva sobre todo en las áreas de donde parten los flujos migratorios, de tal manera que cesen las necesidades que inducen a las personas, de forma individual o colectiva, a abandonar el propio ambiente natural y cultural. En todo caso, es necesario evitar, posiblemente ya en su origen, la huida de los prófugos y los éxodos provocados por la pobreza, por la violencia y por la persecución.

Sobre esto es indispensable que la opinión pública sea informada de forma correcta, incluso para prevenir miedos injustificados y especulaciones a costa de los migrantes.

Nadie puede fingir de no sentirse interpelado por las nuevas formas de esclavitud gestionada por organizaciones criminales que venden y compran a hombres, mujeres y niños como trabajadores en la construcción, en la agricultura, en la pesca y en otros ámbitos del mercado. Cuántos menores son aún hoy obligados a alistarse en las milicias que los transforman en niños soldados. Cuántas personas son víctimas del tráfico de órganos, de la mendicidad forzada y de la explotación sexual. Los prófugos de nuestro tiempo escapan de estos crímenes aberrantes, que interpelan a la Iglesia y a la comunidad humana, de manera que ellos puedan ver en las manos abiertas de quien los acoge el rostro del Señor «Padre misericordioso y Dios te toda consolación» (2 Co1,3).

Queridos hermanos y hermanas emigrantes y refugiados. En la raíz del Evangelio de la misericordia el encuentro y la acogida del otro se entrecruzan con el encuentro y la acogida de Dios: Acoger al otro es acoger a Dios en persona. No se dejen robar la esperanza y la alegría de vivir que brotan de la experiencia de la misericordia de Dios, que se manifiesta en las personas que encuentran a lo largo de su camino. Los encomiendo a la Virgen María, Madre de los emigrantes y de los refugiados, y a san José, que vivieron la amargura de la emigración a Egipto. Encomiendo también a su intercesión a quienes dedican energía, tiempo y recursos al cuidado, tanto pastoral como social, de las migraciones. Sobre todo, les imparto de corazón la Bendición Apostólica.

Vaticano, 12 de septiembre de 2015, memoria del Santo Nombre de María

Francisco





Un protestante, un rabino y un cura sobre Laudato Si

23 12 2015

El programa de radio La Verdad Concreta de este martes 23 de diciembre fue una charla ecuménica sobre la enclíca del Papa Francisco “Laudato Si”.

El periodista y miembro de la Alameda, Lucas Schaerer, coordinó la charla con el protestante Marcelo Figueroa, el rabino Damián Karo y el sacerdote Mario Videla.

El programa de radio trasmite desde la sede de la Universidad Abierta Interamericana (UAI) vía internet por http://www.conexiónabierta.com.ar.