“Las fuerzas de seguridad, en lugar de custodiar a los ciudadanos, piensan en negocios del crimen organizado”

26 07 2010

FOTO: Gustavo Vera

  

Aquí va una nota realizada para la revista El Abasto:


En el barrio de Parque Avellaneda La Alameda tiene su casa. Desde comienzos de la década pasada, investigan y denuncian el flagelo de la trata de personas y los talleres clandestinos que funcionan en la ciudad. Gustavo Vera, presidente de la cooperativa textil, sostiene que “inseguridad es el estado” cuando olvida su rol y reivindica la lucha popular como agente de cambio para “perder el miedo” a las mafias apañadas por el poder de turno.
   Directorio 3998, esquina Lacarra, es la dirección. Dentro, donde a fines de la década del ´90 funcionaba un café, hoy se levanta un comedor comunitario para cientos de personas. Más aún, también está la cooperativa textil, un espacio de asesoramiento jurídico laboral para trabajadores, una biblioteca popular para vecinos del barrio y cursos de todo tipo, como apoyo escolar para chicos.
   Gustavo Vera es docente en la Escuela número 10 de Villa Lugano. En el resto de sus horas se lo puede ubicar en la sede de la cooperativa, entre asambleas y proyectos con otros colectivos. El presidente de este espacio dialoga con El Abasto sobre un tema que, “con la lucha de La Alameda”, se puso en agenda pública: la explotación textil.

-¿De qué forma comenzó a trabajar la cooperativa?
- Nuestro trabajo comenzó en 2002. Nos involucramos a partir de la cotidianeidad. Fue un trabajo territorial en el barrio, primero comunitario con los más pobres. Buscamos que la gente recupere su dignidad a través del trabajo autogestivo como la economía solidaria.

-¿En qué se basaron para comenzar su lucha?
-Nosotros tratamos de imitar humildemente la Asamblea Popular de 1998 de General Mosconi, que crearon Pepino Fernández junto a varios compañeros. Luego fue la Unión de Trabajadores Desocupados (UTD). Cuando comenzamos, creíamos que éramos parte de un proceso histórico en el cual había que aprender las dinámicas.

- ¿Cómo fue el acercamiento con gente explotada en talleres clandestinos?
-Tomamos contacto con migrantes. Nos contaban las vejaciones del trabajo esclavo. Pensamos que era algo marginal, no sabíamos que había un sistema detrás de eso: las grandes marcas. Recién en 2005, tres años luego de fundar la cooperativa, teníamos una idea más acabada. Hubo que romper barreras culturales y miedos que ellos tenían. Hubo que generar contención y afecto para que algunos tomen confianza y nos contaran su historia.

- ¿Cuáles fueron las repercusiones de sus primeras investigaciones?
- En la ciudad, luego de Cromañón, fue el incendio en la calle Luís Viale en Caballito. Fue un “Cromañón” textil, cuando Telerman recién había asumido. El tema se instaló tan fuerte que continua en el debate público.

-¿Qué resultado les arrojó su trabajo?
- Cuando ves temas de trata, ésta se vincula con otros delitos, como la droga. Ésta se distribuye a través de talleres textiles o prostíbulos. Es un sistema de crimen organizado.

-¿Nunca tuvieron miedo de avanzar con estos asuntos?
-Rompimos mitos como que sí te metías con grandes marcas o funcionarios de primer nivel por denunciar la trata, terminabas mal. Tuvimos muchos atentados, pero los fuimos sorteando. Ellos crean una simbología de poder que paraliza a la gente. Con nuestras investigaciones nos enfrentamos a ese poder. Tomamos recaudos de todos modos. Cuando más expuestos nos vemos, más seguros estamos. La clandestinidad no es la solución.

-Desde las esferas políticas, ¿quienes son los responsables de estas irregularidades?
-La gente desaparece por redes de prostitución y son humilladas. Al igual que en el caso de muchos trabajadores. Estimamos que este tema supera el millón de personas involucradas. Hay una gran violación a los derechos humanos a través de las gestiones a escala nacional. Gran parte del estado interviene. Esto no es una cuestión de partidismos.

-¿Cómo es el panorama a nivel ciudad?
Macri, por su parte, no hace nada para que no pase. Recordemos el caso del policía metropolitano, Miguel Ángel Colombo, que fue apartado por antecedentes de regenteo durante su paso por la Federal. Esto es más complejo porque lo maneja la Federal; lo maneja con mano de hierro. Acá se centraliza la mayor caja del país porque no coparticipa. En la comisaria tenés cajas con negocios ilegales: talleres, drogas, prostíbulos (las tres más importantes), habilitaciones, capacidad para espectáculos.

-Entonces, ¿Sectores de la policía están por encima de las autoridades gubernamentales?
-Antes pensábamos que el policía de la esquina era el dueño de la zona. Son cartones pintados, las brigadas y las comisarías son las encargadas de recaudar. La Federal, de todos modos, cuenta los billetes con los políticos de turno. Pensar que ésta es un poder encima de los gobiernos es desligar su responsabilidad.

-¿En qué pensás cuando escuchás la palabra “inseguridad”?
-Cuando pienso en inseguridad, veo al estado. A la policía, a la gendarmería, a las fuerzas de seguridad que, en lugar de custodiar a los ciudadanos, piensan en cómo hacer negocios del crimen organizado. También en la nueva burguesía que se enriquece con este negocio inmundo, igual a la mita y el yanaconazgo de la época de la conquista de América.

-¿Cuál es tu visión sobre las olas de asaltos?
-Estuve en Hong Kong por un congreso hace un tiempo. Ahí la inseguridad se hacía sentir. Me sirvió para comparar con el caso local. Argentina tiene el condimento de falopa, los delincuentes no tienen códigos. La gente tiene miedo de qué chorro le vaya a tocar. Pasados de droga te matan por nada, no miden.

-En base a sus trabajos, ¿Cómo es la situación de talleres clandestinos en la ciudad? ¿Y en Balvanera?
-En la ciudad hay cerca de tres mil talleres. La mayoría está en la zona sudoeste, aunque también encontrás en Once, Floresta, Soldati, Pompeya, Parque Patricios. En Balvanera hay talleres, de todos modos no tanto como antes. El problema en la zona es la venta de droga y la trata. La droga y los prostíbulos van de la mano en muchos casos. Cuando ves muchos travestis es, a veces, una pantalla que esconde otras cosas.

-Hay gente que desconfía de tu militancia y sostiene que te enriquecés del trabajo ajeno ¿Qué opinás?
-No me importa que haya personas que desconfíen de mi trabajo, y especulen con que me enriquezco con el fruto de los trabajadores. Sí me importaría si tengo algo malo. Los periodistas me entrevistaron miles de veces, conocen vida y obra de esta cooperativa. Nos consideran una fuente fidedigna. Saben que La Alameda no vende fruta, estamos comprometidos en la lucha, nadie ha hecho negocio con esto.
Demostramos judicialmente las causas que presentamos. Nuestros primeros cuatro años fueron sin subsidios, de Ciudad, ni Nación. Con respecto a nuestro local, Estamos sobreseídos en la causa por desalojo, la Justicia reconoció la actividad pública, se presentó una protección de la casa en 2007 con prórroga hasta 2011. Estamos tranquilos y estamos seguros de que vamos a lograr una expropiación definitiva.

-¿Qué sentís cuando los vecinos se acercan a La Alameda antes que a las autoridades judiciales o policiales para denunciar situaciones de explotación?
-Pepino Fernández decía que cuando la gente va más a los locales a denunciar irregularidades que a los CGP o a las intendencias, es porque se está constituyendo el verdadero poder popular, se están haciendo bien las cosas. La Alameda ha instalado la perspectiva del crimen organizado desde lo popular. No vamos con el discurso derechoso mediocre, que menciona sólo a los “perejiles” cuando se habla de crimen organizado.

-Luego de tantos años de investigaciones y denuncias, ¿qué fue lo que más satisfacción te dio de tu trabajo?
-Me da satisfacción de todo este trabajo ver gente que antes era víctima de la trata y hoy pelea por cosas mayores. Me enorgullece ver compañeros que escaparon de la esclavitud y ahora está sacando una marca de ropa a nivel global -“No Chains”- contra la esclavitud.

Juan Manuel Castro
mjuancastro@gmail.com

http://www.revistaelabasto.com.ar/121_gustavo_vera_de_la_alameda.htm

Revista El Abasto, n° 121, junio, 2010.





Nuestra Huella S.A. y Carrefour denunciados por los vecinos

23 07 2010

Felicitamos y reproducimos la acción moral del diario local y vecinos de Florencio Varela que denuncian que el supermercado Carrefour de su zona comercializa productos avícolas de la empresa “Nuestra Huella”, que denunciamos penalmente y ante la opinión pública junto a los cartoneros del MTE por utilizar trabajo esclavo e infantil en sus 70 granjas, muchas de ellas en Pilar y en Río Cuarto Córdoba.

http://www.infosurdiario.com.ar/diario/noticia/18290.html

GRAVISIMA DENUNCIA ACERCADA POR LECTORES DE INFOSUR
En el Carrefour de Varela venden huevos de granja denunciada por explotación laboral
Así lo sostuvieron lectores del diario Infosur quienes hicieron llegar su inquietud. Se trata de la granja “La Escondida”, ubicada en la localidad de Pilar e investigada por la Justicia.

Están en la góndola y parecen unos productos frescos. De hecho pueden serlo. Pero, los varelenses que lo consumen quizás ignoren de dónde vienen y cómo llegaron. La sucursal local de la cadena de hipermercados Carrfour estaría vendiendo productos de una granja sobre la que pesa una gravísima denuncia judicial. La explotación laboral de niños.Se llama “La Escondida” y está en Pilar. Allí poseen más de cinco mil gallinas ponedoras y fue denunciada el año pasado por ocupar mano de obra infantil. Según fue publicado en el portal de noticias 24 Con, en el enorme predio de cinco hectáreas trabajarían a destajo niños de entre 4 y 15 años, supuestamente en medio de tóxicos, moscas y el guano. Así también lo hicieron saber a Infosur varios lectores indignados.La finca pertenecería, según lo denunciaron ex empleados a la Justicia, a la firma Nuestra Huella S.A., una sociedad que explotaría otras 60 propiedades en territorio bonaerense.
El diario Página 12, en una de sus ediciones de mediados del año 2009, dio cuenta que la firma se adjudica la venta de más de $6 millones de pesos anuales y exporta a países como China, Italia y España.
Un ex empleado de la firma, encargado del predio de Pilar fue quien habría aportado los datos a la Justicia. El modus operandi, que también describe la organización social La Alameda, es un cóctel denigrante. Primero, siempre según la denuncia, tomarían a una persona que tenga familia numerosa. Después, cuando el trabajo no se puede realizar por la cantidad de empleo que genera, los obligan a que “sus chicos den una mano”. Allí empieza a rodar la maquinaria explotadora de la ilegalidad.
“Nos contratan sólo si tenemos familia”, declaró el entonces encargado de “La Escondida” a 24CON. Agustín ganaba $1700 por el trabajo de dos personas. Junto con él, cargaba huevos Marisol, su mujer, quien “estuvo obligada a trabajar hasta en el día de su tercer parto”. Y todo esto “sin las medidas de protección correspondientes” reclamó Agustín Navarro Farias, el trabajador y delegado de Unión de Trabajadores de Granjas Avícolas, UTGA, gremio que los nuclea.
El diario Página 12 a su vez reseñó que los dueños de la empresa Nuestra Huella S.A. son investigados por la Justicia por “trata de personas” y “trabajo infantil”.Esos productos estarían hoy a la venta en la cadena de Carrefour. Aunque no sólo en esa, también, según las denuncias, en Disco y Wal Mart. Quizás porque lo único que importa es la compra a un precio barato. A pesar de que esos productos lleguen a la góndola mediante un sistema de explotación infantil tan denigrante como ilegal.





NO CHAINS: Cuando la solidaridad es la base de cooperativas que se articulan

21 07 2010

Excelente artículo sobre la historia de las cooperativas que lanzaron No Chains en Tailandia y Argentina y sobre el modo en que se van articulando y sus perspectivas como embriones de un movimiento global contra el trabajo esclavo. Doris Lee, de Hong Kong, publicó esta nota para la revista del Centro de Monitoreo de Recursos Laborales que se distribuye a sindicatos y organizaciones civiles en más de veinte países asiáticos.
Manop Kaewpaka confecciona ropa en una fábrica de indumentaria llamada Retorno a la Dignidad, en Bangkok, Tailandia. Ella cobra un salario que está por encima del básico, toma las decisiones vinculadas con sus condiciones de trabajo en conjunto con sus compañeros y, de ser posible, se une a las luchas de los trabajadores de otras fábricas que han sido despedidos o tratados injustamente. Tamara Rosenberg, en su Cooperativa 20 de Diciembre, también llamada La Alameda, en Buenos Aires, Argentina, hace lo mismo. En todo el Sur, a escala global, las fábricas de diferentes países son lanzadas a una feroz carrera hasta el final, compitiendo por los pedidos de los fabricantes, mayormente de los Estados Unidos y de Europa (que son los más intensos desde que expiró el Acuerdo Multi-Fibras en el año 2005). Aún cuando se encuentran separadas por la distancia, por las zonas horarias y por los idiomas, Manop y Tamara, y sus respectivos compañeros de trabajo, rechazan esta competencia y luchan contra ella. Ellas están trabajando juntas en una nueva forma de solidaridad internacional entre los trabajadores: la articulación de una marca ‘libre de trabajo esclavo’, llamada ‘No Chains’.
La solidaridad obrera es intrínseca a su modelo de trabajo, porque los trabajadores de No Chains son dueños y administradores, además de ser compañeros de trabajo.

Cuando la fábrica de una de ellas vende más ropa, contribuye con las ganancias e ingresos de la otra fábrica, y como resultado los trabajadores de ambos lados son motivados a aprender sobre los otros y a apoyarlos. Consideran como un éxito el contar con muchos obreros más que con pocos. Las dos fábricas tienen una dinámica interna que es muy diferente, si no exactamente opuesta, a la ‘carrera hasta el final’ y a la competencia brutal establecida entre trabajadores que se encuentran en la base de la pirámide salarial. ¿Qué hay detrás de esta solidaridad articulada internacionalmente? Y, más importante aún, ¿qué tan posible es que otros imiten este ejemplo?

La base: democracia y equidad internas

La respuesta comienza en la naturaleza de sus cooperativas, y en la relación que las mismas entablaron entre ellas: las dos fábricas producen cooperativamente para una única marca que les pertenece: ‘No Chains’. Bajo una auto-administración cooperativa, todos los trabajadores son al mismo tiempo dueños, administradores y compañeros de trabajo. Cada una de las cooperativas tiene las siguientes características en común:
1) Los trabajadores toman todas las decisiones importantes en asambleas que cuentan con la participación de todos los miembros.
2) La palabra de cada miembro tiene el mismo valor en la toma de decisiones (un voto).
3) Dividen las ganancias obtenidas por las ventas de sus productos equitativamente entre todos los miembros.

Cada día en que ellos trabajan cooperativamente y sobreviven como fruto de su propia administración, demuestran al mundo que es posible una producción sin explotación, que es posible desarrollar una forma de implementar un lugar de trabajo dirigido democráticamente. Ellos refuerzan la centralidad de los trabajadores como sujetos humanos que deberían ser libres de determinar el ambiente en el que trabajan, y que deberían tener permitido ser propietarios de los recursos que utilizan para trabajar, y así además estarían motivados a cuidarlos; y ellos rechazan el convertirse en herramientas deshumanizadas para la creación de ganancias para otros.

Lograr fortalecer la cooperativa de modo que se constituya en un negocio viable es difícil; implica ocuparse de la recaudación de fondos, de la construcción de confianza, del gerenciamiento, de la contabilidad y del marketing. Es duro, aunque, en comparación con los sindicatos democráticos independientes, significa otra forma de asociación democrática de obreros que cuenta con algunas ventajas, una vez establecidas: evita los riesgos de la representación insuficiente de los trabajadores, de la burocratización y del partidismo en que los sindicatos mayoritarios pueden caer fácilmente; y también evita la intensa represión y el acoso que un sindicato puede enfrentar en el lugar de trabajo por parte del empleador.

Las cooperativas pueden, después de un tiempo, asentarse y convertirse en simples medios de creación de empleo para trabajadores desempleados y en la mera subsistencia; sin embargo, estas dos cooperativas se constituyeron en algo que va más allá de esto. Al mismo tiempo que son lugares de trabajo cooperativos, son espacios de lucha, y trincheras desde las que los trabajadores pueden luchar contra las corporaciones y contra el gobierno para defender sus derechos. Ellas mismas han encabezado una lucha feroz contra jefes crueles y explotadores para reclamar por sus derechos como trabajadores y, después de haber establecido su propia fábrica, la han convertido en un centro de apoyo para otros trabajadores que no tienen a nadie más que los ayude a luchar contra sus malvados jefes. Ellas toman el rol de un comité de lucha, asegurándose de que el combate pueda continuar, ya que se encargan de las necesidades de los trabajadores que están luchando mientras persisten en la lucha por justicia.
Compartiendo entre activistas de Argentina y grupos de trabajo de Asia

¿Cómo pudo la cooperativa tailandesa encontrar a la cooperativa argentina? ¿Qué fue lo que las unió? Ellas se encontraron, inicialmente, en marzo de 2009, cuando el Centro de Monitoreo de Recursos de Asia organizó una reunión en Bangkok, Tailandia, concentrándose en la situación de los trabajadores asiáticos y en encontrar respuestas frente a la crisis económica. Fue en esta reunión que un orador de Argentina, Gustavo Vera, vocero de La Alameda (cuya caracterización será detallada con mayor profundidad más abajo), fue invitado para que pudiese compartir acerca de las experiencias de los trabajadores en la crisis económica que sufrió su país en el 2001, víctima de las políticas económicas neoliberales, que eran exactamente el tipo de políticas que los líderes de los países asiáticos habían adoptado para establecer políticas de desarrollo. Tal intercambio fue un pequeño paso en la construcción de puentes entre las experiencias de los trabajadores en los países de Asia y de América Latina, que en muchos puntos encuentran paralelismos profundos en cuanto a las condiciones de los trabajadores, a las políticas económicas nacionales, a los déficits democráticos.

Crisis económica en Asia – 2008-2010

A fines de 2008, Asia estaba justo en el medio de la crisis global financiera, y habían comenzado a producirse olas de despidos masivos en los principales países exportadores de Asia, y los sindicatos y los trabajadores enfrentaban intensas presiones para aceptar rebajas salariales, contractualizaciones, reducciones horarias, así como también empleos temporarios. Por ejemplo, de acuerdo con una encuesta del Ministerio de Trabajo de la India, en 8 sectores principales (incluyendo el automotriz, indumentaria, gemas, construcción e IT/BPO), el empleo total estimado ha decrecido de 16.2 millones en septiembre de 2008 a 15.7 millones durante diciembre de 2008, lo cual implicó la pérdida de cerca de medio millón de empleos.

Dado el enorme incremento del empleo vulnerable en la última crisis económica asiática de 1997-1998 en países como Indonesia y Corea del Sur, un impacto similar se esperaba esta vez, así como también un correspondiente aumento de la pobreza. En Corea del Sur, en enero de 2009 fueron empleados 103.000 trabajadores menos en relación con el año anterior.

La crisis económica en Argentina, 2001-2002

Hablando a los activistas asiáticos, Gustavo describió los desastrosos impactos que la crisis económica argentina de 2001 tuvo en los negocios y en los trabajadores, y el consecuente disgusto de las masas en contra de los políticos e incluso en contra de los sindicatos. El país atravesó por varios presidentes en sólo un mes, porque los políticos y el gobierno habían perdido por completo la confianza de la gente; las clases medias se escandalizaron al descubrir que no podían retirar dinero de sus cuentas en tanto el gobierno trataba de evitar la huida de capitales del país (el llamado ‘corralito’); el desempleo llegó al 30%; y los trabajadores sabían bien que si un trabajador perdía su empleo, había altas chances de que tuviese que permanecer hambriento por un largo tiempo hasta encontrar otro. Enfrentados a una nula perspectiva de trabajo, alimentados por el rencor hacia los delincuentes de sus jefes y seguros de sus derechos, los trabajadores comenzaron olas de ocupaciones de fábricas (para ‘recuperarlas’ para sus trabajadores) que se habían declarado en quiebra o que habían intentado despedir trabajadores. Toda esta combinación de acontecimientos contribuyó a un movimiento de ocupación de fábricas, y a una ética en torno a las fábricas ocupadas, de auto-administración y consulta mutua a través de la articulación de asambleas. Varias películas documentales han sido realizadas acerca de este período y de este movimiento. Una de las más conocidas es ‘The Take’ (La Toma), de Naomi Klein y Avi Lewis. Los trabajadores formaron sus propias ‘asambleas’ (reuniones de la comunidad), recuperaron fábricas, formaron ollas populares comunitarias para alimentar a los desempleados y pobres, y expresaron sus demandas al gobierno en las calles. En ese momento existían cerca de 200 fábricas administradas por trabajadores de forma cooperativa, tomando decisiones en asambleas de trabajadores y dividiendo el trabajo y las ganancias equitativamente. Hoy en día, por lo menos 150 cooperativas dirigidas por trabajadores aún se mantienen en Argentina y, en futuras crisis, muchas habrán de resurgir otra vez fácilmente, habiendo ganado las experiencias de la última crisis. La Alameda, que es la asamblea obrera y la organización activista de Gustavo, fue una de las que ha permanecido desde el 2002 hasta la actualidad.
Posibles lecciones del movimiento de fábricas recuperadas y cooperativas obreras en Argentina


Este modelo de una cooperativa obrera en la que los trabajadores desafían la idea de necesitar un jefe (ellos trabajan ‘auto-administrándose’ y se apoyan el uno al otro en lugar de competir entre ellos) no es nuevo en la historia, pero es un modelo que ha llamado una prominente atención a nivel mundial en ese movimiento que despegó en la Argentina en 2001-2002, conocido como el ‘movimiento de fábricas recuperadas’.

En algunos círculos, las cooperativas dirigidas por obreros son vistas con escepticismo como estrategia para avanzar en los derechos obreros, ya que su tasa de supervivencia es muy baja; el comienzo puede resultar fácil porque las máquinas y habilidades pueden ser obtenidas fácilmente, pero frecuentemente no pueden sobrevivir en el mercado. Los que Gustavo cree que han sido factores clave en el éxito y en la continuidad de cooperativas como La Alameda hasta el presente son, además del apoyo empresarial mutuo entre las cooperativas: 1) el tener una base fuerte en la comunidad (particularmente, el responder a necesidades de la comunidad a las que ni los partidos políticos ni los sindicatos les estaban prestando atención); 2) el permanecer independientes de los partidos políticos y de los sindicatos, que tienden a captar a la gente hacia las demandas de sus propias organizaciones y a dividir a la comunidad utilizando recursos para aquellos que los ‘siguen’; y 3) el mantener los principios de democracia y transparencia en la toma de decisiones. El mantenerse cerca de las necesidades de la comunidad asegura además que la comunidad responda a las necesidades de supervivencia de los miembros de la cooperativa. Con estos elementos, ellos permanecen como luchadores en el movimiento local, manteniéndose como relevantes en la lucha de los trabajadores y contribuyendo con ella, no sólo apoyándose en las compras que se hacen a los movimientos sociales por ser consideradas políticamente correctas.

Mientras que los activistas asiáticos se sentían escépticos con respecto a la posibilidad de usar tales tácticas en Asia, también se vieron inspirados y provocados; ¿no había precedentes en Asia, o formas y posibilidades de intentar tales tácticas? Gustavo les recordó que Argentina, en los años anteriores al 2001, no era muy diferente de como son muchos países asiáticos ahora; en otras palabras, ellos no deberían creer que Argentina era de alguna forma un lugar fácil o acondicionado naturalmente para que los trabajadores tomasen las fábricas. Tenía el más neoliberal de los gobiernos y, admitió, sí tenía una fuerza de trabajo con derechos estables y una tradición sindical, pero estaba atravesando una crisis extrema. Fue a través de repetidos ensayos y errores que los trabajadores humildes se atrevieron a superar el miedo a la pérdida del trabajo y a la muerte de hambre, y que se logró la solidaridad de las comunidades locales que contribuyeron al relativo éxito del movimiento de fábricas recuperadas y cooperativas de trabajo. Éstas contribuyeron asimismo a la posibilidad de los obreros de usar la ‘ley de explotación’ y las órdenes de ‘uso temporario’ aseguradas por la Corte, para permitir a los trabajadores el continuar legalmente con la producción en fábricas que por algún tiempo no tenían dueño. Los derechos legales le fueron ‘arrancados’ al estado a través de la lucha. Como dijo Frederick Douglass, ‘sin lucha, no hay progreso’.

Las cooperativas deciden luchar juntas por el fin del trabajo esclavo en la industria indumentaria.
Luego de haber escuchado sobre la cooperativa de trabajo con base en Bangkok ‘Fábrica Solidaridad’, que fue renombrada como ‘Retorno a la Dignidad’, Gustavo Vera propuso que la fábrica se uniera a su organización cooperativa de indumentaria ’20 de Diciembre’, que es un brazo de La Alameda, para formar una marca global de cooperativas obreras. Cada fábrica tenía ya su propia marca ‘libre de trabajo esclavo’, pero al formar ‘No Chains’ ésta se constituiría en una marca de los trabajadores que simbolizaría el librarse de las cadenas de la esclavitud en la cadena global de abastecimiento. Esta campaña internacional las ayudaría a extender y promover las luchas locales que estuvieron manteniendo en sus países hasta ahora.

Las dos cooperativas han actuado en sus comunidades como lo haría un sindicato informal de trabajadores: han sido un refugio para los trabajadores que fueron despedidos o que escaparon de la explotación e incluso de los golpes de los dueños de fábricas de indumentaria. Han ayudado a protestar, a aconsejar, y a luchar junto con trabajadores que no tienen sindicatos que de otra forma los hubieran ayudado – cada una en su propio país.

En Tailandia, se estima que hay 2 millones de trabajadores migrantes birmanos, de los que se calcula que la mitad se encuentran indocumentados, que trabajan por salarios que pueden llegar a ser un tercio del salario mínimo legal, en sectores que se caracterizan por ser sucios, peligrosos y degradantes, incluyendo la agricultura, la manufactura, la construcción y el trabajo doméstico; y son vulnerables a ser deportados en cualquier momento. Tailandia es un país que notoriamente emplea a trabajadores migrantes en una escala muy significativa, pero al mismo tiempo envía trabajadores tailandeses al exterior también en números considerables. En Argentina, la mayoría de los trabajadores migrantes viene de los lugares pobres de Bolivia, y trabaja en talleres clandestinos; los migrantes bolivianos también son unos 2 millones en Argentina.

La Alameda – los ‘caza-explotadores’

La Alameda es el lugar y el grupo de activistas y de la comunidad en una parte de Buenos Aires, que dirige una miríada de actividades, en un antiguo bar llamado La Alameda. El lugar fue tomado por trabajadores hambrientos y activistas, y la comunidad estableció un comedor gratuito que alimentaba a 300 trabajadores a principios de 2002. Hoy en día alberga a la fábrica de indumentaria ’20 de Diciembre’, la cual tiene su propia marca ‘libre de trabajo esclavo’, llamada Mundo Alameda. Ha ayudado a establecer la Unión de Trabajadores Costureros, que es un sindicato informal de trabajadores costureros que apunta a ganar las elecciones en el sindicato formal de la industria del vestido, con el fin de tornarlo democrático y de lograr que responda a las necesidades de la masa de trabajadores. Además, ofrece clases constantes acerca de organización sindical, trabajo migrante, la industria de indumentaria, leyes laborales, leyes de migraciones, leyes de trabajo a domicilio y otros asuntos vinculados con la explotación de trabajadores informales; y, al mismo tiempo, organiza regularmente manifestaciones en los negocios de las grandes marcas contra el uso de trabajo migrante ‘esclavo’ (trabajadores migrantes traídos al país ilegalmente, generalmente desde Bolivia, que son obligados a trabajar en talleres clandestinos durante 10-12 horas por día, por bajísimos salarios y a los que sólo se les permite salir una vez a la semana). También alberga a la Fundación La Alameda, la cual cuenta con abogados voluntarios que se encargan de llevar adelante casos legales contra dueños de fábricas explotadoras, dueños de prostíbulos, y dueños de granjas avícolas que emplean trabajo infantil. Muy a menudo el trabajo que La Alameda lleva adelante para rescatar y ayudar legalmente a migrantes esclavizados lo realiza con la ayuda de trabajadores bolivianos que han sido asistidos anteriormente para escapar de sus lugares de trabajo y convertirse en legalmente documentados.

En el año 2008, el gobierno intentó reformar una ley que data de 1936, la cual establece que tanto los talleristas como los dueños de las grandes marcas son solidariamente responsables por las condiciones de trabajo de los trabajadores a domicilio; fue a través de grandes esfuerzos de La Alameda, de sus denuncias de grandes marcas que emplean trabajo esclavo, que este intento por remover la responsabilidad de las grandes marcas fue detenido.

La Cooperativa 20 de Diciembre actualmente emplea más de una docena de trabajadores, la abrumadora mayoría son bolivianas que anteriormente trabajaban en talleres clandestinos. Cerca de la mitad de sus productos son vendidos directamente a los clientes con la etiqueta de su marca, Mundo Alameda; y la otra mitad son pedidos de producción de ropa para otros clientes externos.

Retorno a la Dignidad

En Tailandia, Retorno a la Dignidad se ha constituido en una reconocida cooperativa de trabajo que ha luchado duro desde sus inicios para permanecer viable, y también para ayudar a otros obreros despedidos o tratados injustamente. Su lucha comenzó cuando 900 obreros de Bed & Bath lucharon durante meses para ganar una indemnización justa acorde con la ley por parte de su empleador, quien había cerrado la fábrica y se había ido repentinamente, en el 2002. Durante tres meses, 400 de los trabajadores continuaron manifestándose frente al Ministerio de Trabajo, y lograron más que una indemnización en dinero: una ley revisada concerniente a la indemnización laboral que beneficiaría a todos los trabajadores del país.

Más recientemente, en los últimos dos años de recesión económica y creciente represión multinacional contra los trabajadores sindicalizados, Retorno a la Dignidad ha tenido más ocasiones para responder a los llamados de trabajadores que buscan justicia e indemnización por parte del capital irresponsable. La marca Triumph anunció 1.959 despidos en su mayor fábrica de indumentaria de Tailandia en 2009, para abrir otra en una fábrica remota, no sindicalizada, supuestamente debido a las dificultades económicas aparejadas por la crisis. La fábrica tailandesa fuertemente sindicalizada dirigida por Jittra Cotchadet luchó duramente durante ocho meses contra la compañía, e incluso comenzó su propia producción de lencería mientras acampaba frente a la fábrica y frente al Ministerio de trabajo. Antes de esto, cuando 41 trabajadores de Worldwell, que eran subcontratados por Triumph, fueron despedidos repentinamente, los trabajadores de Retorno a la Dignidad también los ayudaron ofreciéndoles un lugar donde quedarse, asesoramiento para su lucha, y en la organización de un festival cultural para protestar por sus despidos.

En poco tiempo, las dos cooperativas de trabajo han jugado un rol muy significativo en la provisión de un espacio seguro y de ayuda para los trabajadores explotados, en parte porque tienen asegurada su forma de ganarse la vida y por la libertad que han ganado gracias a la lucha y en parte porque, como no tienen ningún ‘interés’ (no están buscando incrementar su poder personal), cuentan con la confianza de los trabajadores y de la comunidad. Además, han logrado comprometer en la causa a artistas independientes, intelectuales, estudiantes, ONGs y a los medios, lo cual les permite extender su importante rol en la construcción del movimiento. Ambas cooperativas aparecen con frecuencia en la prensa local.

Enhebrando experiencias – La solidaridad internacional implica compartir los recursos así como las decisiones

En el proceso de trabajo conjunto para planear la marca global, desde los diseños de las remeras hasta los precios, la formulación y el diseño del sitio web, cada una de estas cooperativas ha aprendido sobre la cultura de la otra, sobre los ambientes típicos de trabajo, salarios y preferencias. Ambas han practicado una verdadera política de consulta y de democracia e igualdad: todos los ingresos son compartidos equitativamente y todos los gastos son compartidos equitativamente entre las dos cooperativas.

El costo de la mano de obra de los trabajadores tailandeses es mucho más bajo que el de los trabajadores argentinos. Aún así, dentro de No Chains, las ganancias de cada fábrica provenientes de la venta de las remeras serán divididas equitativamente, manteniéndose verdaderamente el principio de que todo el trabajo de los obreros tiene igual valor en esta cooperativa articulada. Costos y beneficios son costeados equitativamente por todos los miembros.

Para promover el concepto de un estilo cooperativo en la toma de decisiones y fomentar la cooperación y el interés del público, la ‘marca’ invitó a artistas y diseñadores de todo el mundo a contribuir con sus diseños a través de un concurso; cada miembro individual de las dos cooperativas luego votó por sus diseños preferidos. Sobre estas bases, seis diseños de remeras sobre el tema de ‘No Chains’ (Sin Cadenas) fueron elegidos antes del lanzamiento de la marca No Chains, que se llevó a cabo el 4 de junio de 2010.

El grupo de cooperativas No Chains recién se encuentra en sus inicios, en este momento cuenta sólo con dos cooperativas, pero pretende añadir cooperativas de trabajo de todo el mundo que puedan producir ropa así como también otros productos, siempre que cumplan con el criterio de toma de decisiones de forma abierta y transparente, de voto equitativo y de reparto equitativo de las ganancias. Van a continuar realizando concursos trimestrales para invitar a diseñadores a diseñar temas que atraigan la atención pública sobre lo vergonzoso que resulta que marcas globales continúen utilizando trabajo esclavo y tomando ventaja de personas vulnerables y de lo laxa que es la legislación y su aplicación.
‘Dentro de unos pocos años queremos tener entre 20 y 30 cooperativas de diferentes países en el mundo en vías de desarrollo’, dijo Gustavo. También existen planes de diversificar la marca a otro tipo de ropa.

Grupos de consumidores como la Campaña Ropa Limpia han tenido roles importantes en aumentar la conciencia del público en cuanto a la explotación laboral en la indumentaria; y ha habido intentos en el pasado de comercializar ropa que sea ‘libre de trabajo esclavo’. Pero No Chains es la primera impulsada por cooperativas independientes: ‘Esta es la primera vez que trabajadores provenientes del mundo de la esclavitud se están organizando para denunciar la explotación y para probar que es posible producir ropa bajo condiciones decentes de trabajo’, dijo Gustavo.
¿El inicio de un movimiento global?

La carrera hasta el final en la industria de indumentaria enfrenta a los estadounidenses contra los mexicanos, a los nativos contra los migrantes, a los del Norte contra los del Sur y, quizás más fuertemente, a los del Sur contra los del Sur. Con la expiración del Acuerdo Multi-Fibras, que tuvo el efecto de expandir la producción un tanto más equitativamente entre los diferentes países, ha habido una continua caída libre, y se desarrolló la ‘carrera hasta el final’ que parece nunca terminar. La industria global de indumentaria viene siendo desde hace largo tiempo equiparada con talleres clandestinos, con mujeres trabajadoras y con migrantes. Pero en la era de la alta tecnología y de la globalización neoliberal, y sumado a esto de desarrollo del taylorismo y de la subdivisión de los roles laborales por cronómetro, así como de una movilidad de capital sin precedentes, las fábricas de indumentaria cierran en un lugar y vuelven a abrir en otro lugar del mismo país, con otro nombre, con total impunidad, devastando a los trabajadores. La acumulación de poder por parte del capital multinacional y la división de los trabajadores hace que la batalla que éstos llevan a cabo en defensa de sus derechos parezca completamente imposible de ganar.

De acuerdo con el escritor Robert J. S. Ross, autor de Slaves to Fashion (Esclavos de la Moda), con el paso de los años se han evidenciado las debilidades de estrategias anteriores, como ser los códigos de conducta y la identificación de los consumidores. Él señala las siguientes medidas como las necesarias para terminar con los talleres clandestinos: 1) fortalecer los sindicatos; 2) políticas gubernamentales para mantener la responsabilidad de las compañías (en lugar de políticas dirigidas por las corporaciones); y 3) trabajar con reformadores y consumidores.

La estrategia de las cooperativas que conforman No Chains es una versión de esas recomendaciones. 1) En lugar de sindicatos, los actores centrales son cooperativas de trabajo independientes, pero la meta sigue siendo el fortalecer la organización, especialmente de aquellos que no tienen ningún tipo de sindicato; 2) las cooperativas luchan por cambios legales a través de su lucha (con la ventaja de que son menos vulnerables a los ataques políticos y a las amenazas laborales, debido a su independencia financiera y política); y 3) el trabajo con reformadores y con el público consumidor está incorporado a su mismo ‘negocio’ (en tanto todos están invitados a ayudar en su lucha, comprando su ropa y sus productos, ayudando a las cooperativas a mantenerse independientes, arrebatándole el negocio a los explotadores, y aportando al poder de un movimiento de trabajadores dirigido por los trabajadores).
Además, las cooperativas han realizado un uso extensivo de los medios de comunicación y de la tecnología: cuentan con varios blogs y sitios web, una página en Facebook y videos online en varios idiomas, que están siendo subtitulados igualmente en varios idiomas. También han empleado intencionalmente la estrategia de las grandes marcas, pero para el empoderamiento de los trabajadores más que para conseguir una ganancia egoísta: el promover continuamente la marca de No Chains, y el crear una imagen que logre que el público general esté dispuesto a consumir para poder poseer, usar e identificarse con una concepción del mundo, libre de trabajo esclavo y sin cadenas.








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